Prueba 4
El caballero se dio cuenta de que se había aferrado a esa roca para salvar su vida, del mismo modo que se había aferrado a su armadura. Comprendió que debía dejarse caer al abismo de lo desconocido. —¡Suéltate! —le susurró el viento.—¿Que me suelte? —preguntó el caballero—. ¿Quieres que me mate?—Ya estás muerto si te quedas ahí […]